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lunes, 23 de junio de 2014

MUSICOTERAPIA FAMILIAR


La Musicoterapia, utilizada desde hace más de seis décadas como tratamiento eficaz para diferentes problemáticas individuales y grupales, no cuenta con demasiadas investigaciones sobre su utilización en el ámbito de la Terapia Familiar.

La Musicoterapia como una disciplina que a través del sonido, el silencio y el movimiento pretende contribuir a la restauración de la salud, y el bienestar de un paciente identificado y el sistema familiar al cual pertenece, incidiendo sobre los patrones relacionales disfuncionales y rescatando las capacidades individuales y grupales con las que cuentan.

En el IX Congreso Mundial de Musicoterapia que se realizó en 1999 en la ciudad de Washington, Estados Unidos, hubo un reconocimiento por parte de la comunidad de musicoterapéutas de todo el mundo, de cinco modelos teóricos (Schapira, 2002):

  • Modelo de Musicoterapia Behaviorista o Modelo Conductista.
  • Modelo de Musicoterapia Analítica de Mary Priestley.
  • Modelo Benenzon.
  • Modelo Nordoff Robbins o de Musicoterapia Creativa e Improvisacional.
  • Modelo GIM.
Algunas de las fuentes principales que nutren la epistemología de la Terapia Familiar coinciden con los principios fundamentales de la Musicoterapia:
  • Principio holístico: Mirar a un todo funcional y comprender la interdependencia de sus partes, o sea, analizar cómo una determinada parte de un todo se relaciona con las otras partes del mismo todo. En todo cambio terapéutico en el que interviene la música se ven involucrados las áreas fisiológica, cognitiva, emocional, social y espiritual.
  • Principio ecológico: Tener en cuenta al individuo inserto en su medio. La teoría sistémica considera un sistema (individuo) inserto en otro sistema (familia), el cual a su vez está incluido dentro de otro (sociedad). La musicoterapia también toma en cuenta a las personas con respecto a sus relaciones interpersonales, a los hechos significativos que les acontecen y los integra al devenir terapéutico.
  • Principio de circularidad: Todos influyen en todos, la actividad de uno de los elementos tiene la capacidad de variar el contexto en que se sitúa.
  • Principio homeostático: La música contribuye a la homeostasis intelectual, social, familiar, etc. del individuo, a su equilibrio personal.
  • Segunda cibernética: En la teoría sistémica, el concepto de sistema terapéutico alude a la inclusión del terapeuta en el sistema familiar (el terapeuta debe tener en cuenta como afecta su inserción al sistema). En la musicoterapia, el terapeuta es el encargado de observar y guiar lo que acontece en la escena terapéutica, pero como parte del sistema observado.
La Terapia Familiar contempla a las familias desde su sistema de roles, a partir del conjunto de funciones que asume cada miembro; dicha relación de roles es también inherente a cualquier actividad musical, lo que hace que en determinadas  circunstancias haya solistas y acompañantes, y como tal, es abordada desde la Musicoterapia. La Musicoterapia, al igual que la Terapia Familiar, centra su mirada en las reglas, musicales y familiares respectivamente, entendidas éstas como los “acuerdos” entre los miembros de la familia – experiencia musical para obrar de un determinado modo. La Terapia Familiar plantea que un sistema familiar aglutina diferentes subsistemas (conyugal, parental, fraterno, etc.), de la misma manera que la Musicoterapia entiende que la música, concretamente su organización instrumental, está compuesta por diferentes subsistemas musicales: percusión, cuerda y viento. En conclusión, cualquier actividad musical grupal representa una metáfora perfecta de cómo funciona un sistema familiar, y viceversa, la conjugación de objetivos comunes e individuales bajo un sistema de reglas compartido, la adecuada definición de roles y la comunicación entre los miembros como pilar fundamental, son parte de los elementos necesarios para que tanto la experiencia familiar como musical sea positiva.





La música puede considerarse un lenguaje universal no verbal (con su propio código) que expresa emociones, estados de ánimo, sentimientos respecto a determinadas situaciones o personas; es una vía de comunicación que puede hacer emerger la empatía entre los miembros de una familia, además, la música también es un medio de comunicación intergeneracional, que permite reflexionar sobre el ayer, el hoy y el del mañana, dándonos la oportunidad de aprender del pasado. La música como elemento fundamental de la comunicación emocional familiar, fomenta sentimientos de cohesión familiar, confianza interpersonal y vinculación.

Minuchin y Fishman hablan de la existencia de tres holones familiares: holón conyugal, holón parental y holón fraternal, la música juega un papel protagonista en los tres holones de la siguiente manera:

  • Holón conyugal: El hecho de que la música haya unido a la pareja en el pasado es un eslabón de esa gran cadena que debe seguir así, que les produzca agrado, que los una, además porque los beneficios son grandes en el sentido en que no solo entra la música por los oídos, sino que vuelve a hacer vibrar, a generar emociones, a ser ese anclaje hacia la felicidad.
  • Holón parental: La música es parte inherente de este holón desde antes del nacimiento del niño/a. A las 17 semanas de gestación el bebé ya escucha sonidos del mundo exterior, la voz de sus padres, los sonidos de la casa, etc. Después, las canciones de cuna son un elemento fundamental ya que contribuyen no solo a fortalecer el lazo afectivo entre los padres y el hijo, sino que además sirven para fomentar el desarrollo intelectual del bebé. Para el adolescente, la música desempeña un papel crucial a la hora de “apropiarse de los deseos”, se convierte en un símbolo de su búsqueda de identidad y diferenciación.
  • Holón fraternal: La música para el holón fraterno puede ser un lugar de encuentro, una experiencia comunicativa y lúdica que les ayude a intercambiar experiencias, preocupaciones y sentimientos. La música, como herramienta terapéutica, puede favorecer la cohesión del subsistema fraterno.
Las herramientas musicoterapéuticas para la intervención con familias son las siguientes:
  • Principio de ISO: El principio de ISO es el conjunto de energías sonoras, acústicas y de movimiento que pertenecen a un individuo caracterizándolo e individualizándolo.
  • Ficha Musicoterapéutica: Tiene como objetivo recopilar información sobre la historia sonoro-musical de los diferentes miembros de la familia y de su entorno
  • Genograma trigeneracional musical: La propuesta de este trabajo es incorporar al genograma información sonoro-musical de la familia, de todos sus miembros, hacer un viaje musical a través de la historia familiar, para detectar posibles patrones de repetición generacional relevantes, que incluyan a tres generaciones.
Las técnicas de musicoterapia que podemos emplear con las familias son las siguientes: 
  • Improvisación musical familiar: Expresión espontánea de producciones sonoras para representar aspectos de su mundo personal, estados anímicos, vivencias, percepciones, etc.
  • Canción terapéutica: La canción terapéutica se sitúa en el marco de la Terapia Narrativa, la cual postula que el significado que le damos a los eventos en nuestras vidas, y cómo organizamos éstos en historias sobre nosotros y los otros, dará forma a la vida. La Terapia Narrativa ve a las personas separadas de los problemas, y les presume capacidades, creencias, valores, compromisos y habilidades que les pueden ayudar a reducir la influencia de los problemas sobre sus vidas. La Terapia Narrativa centra a las personas como expertas de sus vidas. La canción terapéutica facilita que la persona o familia tome contacto con una situación “dolorosa” vivida desde una posición diferente. Encontrar una resolución simbólica a una situación de este tipo y ser capaz de resolverla haciendo una lectura en positivo, desde la creatividad que implica la escritura y la música, permite pasar de la insensibilidad al sentimiento, de la negación a la aceptación, del conflicto y caos al orden y resolución, de la ira y pérdida al crecimiento.
  • Uso de música editada: La selección musical es elegida a partir de la subjetividad de la familia y sus miembros, teniendo en cuenta la información que se desprende de la ficha musicoterapéutica, los objetivos particulares para cada caso, los modos expresivos-receptivos de la familia, su historia musical, etc.
  • La música en los rituales familiares: La música, como parte inherente de la identidad de las familias, juega un papel fundamental ya desde épocas ancestrales en el desarrollo de los rituales. La propuesta de este trabajo es “rescatar” el uso de la música y las canciones en los rituales terapéuticos familiares, para darles un carácter original e innovador, y también, para utilizar elementos simbólicos propios de cada familia.

Es importante valorar la idoneidad de la aplicación de la música en el proceso terapéutico de las familias, teniendo en cuenta las características de éstas. De la misma manera que la música puede ser un recurso terapéutico muy efectivo para el trabajo con algunas familias (de etnia gitana por ejemplo, por ser una de las señas de identidad que les caracteriza y diferencia de otras culturas, y también parte del legado familiar que transmiten de generación en generación) hay otras familias que su relación con la música es prácticamente nula, no les produce ningún tipo de sensación, les resulta indiferente.

domingo, 2 de febrero de 2014

TERAPIA SISTÉMICA CON FAMILIAS RECONSTITUIDAS

Las familias reconstituidas se definen como “aquellas estructuras familiares en las que uno o ambos miembros de la pareja, han tenido al menos un hijo de una relación previa” (Gorell-Barnes, Thompson y Burchart, 1997). Podemos diferenciar 4 tipos de familias reconstituidas:

  • F. Reconstituida con madrastas: Padre con hijos que se une a otra mujer.
  • F. Reconstituida con padrastro: Es el más frecuente, madre con hijos que se une a otro hombre.
  • F. Reconstituida con madrastas y padrastro: Cada miembro de la pareja trae sus propios hijos a la nueva unidad familiar.
  • F. Reconstituida con hijos comunes: Este tipo puede ser combinado con cualquiera de los 3 tipos anteriores de familia.

Cuando dos adultos deciden construir una nueva familia e incorporan, uno o ambos, hijo/s de una relación anterior, comienza un complejo proceso de ensamblaje donde las piezas pueden no encajar desde un primer momento. Por encima de todas las variables que definen las dificultades que han de enfrentar, y de los retos que se les presentan, está la flexibilidad de los adultos como actitud necesaria para adaptarse a la nueva realidad, y para favorecer a los hijos una integración y una adaptación a la nueva familia lo más armoniosa posible.

Las familias reconstituidas tienen su origen, o más bien su pasado, en una separación/divorcio, una defunción o un abandono, lo cual exige tanto a adultos como a hijos la elaboración de un duelo sea cual sea la naturaleza de la pérdida. A nivel terapéutico, es importante poner la mirada sobre este aspecto, por una lado por la posibilidad de que uno o ambos miembros de la pareja se hayan embarcado en la nueva relación sin haber superado antes la pérdida del anterior matrimonio, y por otro lado, por la dificultad añadida que se les plantea a los hijos cuando la construcción  de la nueva familia se inicia sin tener en cuenta el momento del duelo en que se encuentran.

Uno de los retos a los que se enfrenta esta modalidad familiar, concretamente los adultos, es construir un vinculo conyugal sólido. El hecho de que haya hijos desde el inicio de la relación puede interferir en la creación del vínculo marital, bien porque los hijos son pequeños y requieren una dedicación a tiempo completo (lo contrario puede generar sentimientos de culpa), o porque los hijos son adolescentes y plantean conflictos de lealtad respecto a sus padres no residentes.

Otro de los desafíos que han de asumir las familias reconstituidas, es definir cómo quedan organizados los roles del padre/madre biológica y del padrastro/madrastra en la crianza de los hijos. Es importante que el padre/madre biológico sea el referente principal de su/s hijo/s durante las primeras etapas de la nueva familia, y que paulatinamente el padrastro/madrastra vaya estableciendo vínculos solidos con los hijos de su cónyuge.

Unificar las reglas familiares, cuando cada miembro de la pareja lleva en su mochila no solamente creencias y mitos de su familia de origen, sino también de su anterior matrimonio, supone en ocasiones una de las tareas más arduas para este tipo de familias. Así lo es también establecer dichas reglas familiares respetando las diferencias individuales (edad, sexo, características personales…)

Armonizar toda la red vincular familiar, teniendo en cuenta que pueden existir dificultades del pasado que pueden desencadenar conflictos de lealtades y/o triangulaciones con los padres no residentes, con los abuelos naturales, tíos, etc. es quizás el reto más complejo que deben enfrentar los miembros adultos de la familia reconstituida.

Es un hecho que la economía familiar puede ser más frágil en este tipo de organización familiar, factores como la manutención, pensiones por viudedad, subsidios del ex cónyuge, etc. suelen ser tema de conflictos en este tipo de familias.

Es importante que la nueva familia reconstituida vaya asumiendo gradualmente una identidad propia, construyéndola en base al desarrollo de rituales familiares (por ejemplo celebraciones de eventos importantes), y de actividades o situaciones especiales que se conviertan en parte de ellos (por ejemplo viajes de vacaciones) de modo que sean compartidas entre los miembros de la familia y los diferencie de otras.

Las familias reconstituidas presentan también una serie de peculiaridades que les colocan en una posición, digamos ventajosa, respecto al resto de modalidades familiares. Creo que desde una perspectiva terapéutica es fundamental explorar y  detenernos en aquellos aspectos que pueden llegar a connotarse positivamente y a destacarse incluso, como lados fuertes de la familia. Sólo activando sus capacidades (Guy Ausloos), la familia podrá realizar un proceso terapéutico trascendente.

El subsistema conyugal tiene una experiencia marital anterior que puede representar, si se ha hecho un buen proceso de duelo, una fortaleza a la hora de enfrentar nuevas dificultades o conflictos conyugales.

Una familia reconstituida forma un entramado amplio y complejo de intercambio y experimentación de relaciones interpersonales, donde todos los miembros del sistema tienen la oportunidad de desarrollar nuevas formas de vincularse, particularmente los hijos, quienes pueden encontrar en su nueva familia, un lugar de socialización y aprendizaje idóneo para ellos. Asimismo, esta complejidad relacional inherente a este tipo de sistemas, ayuda a que la configuración de los roles familiares sea menos rígida que en modelos familiares más tradicionales.

Otra característica que destacaría de este tipo de sistemas, es que ofrece a sus miembros la posibilidad de tener mayor número de referentes familiares. En una familia reconstituida donde ambos cónyuges han tenido un divorcio previo a la constitución de la familia, los hijos de ambos pueden llegar a tener como referentes a sus dos padres biológicos (aunque estén divorciados), a su hermano/s de sangre, al padrastro/madrastra, y al hermanastro/s.

El rol del terapeuta con este tipo de familias es fundamentalmente de guía, su tarea no consiste tanto en cuestionar sino en dar apoyo. Desde mi punto de vista, la intervención terapéutica se desarrolla sobre tres ejes principales:

  • Resolver los sentimientos sobre las transiciones de la familia anterior.
  • La necesidad de crear un vinculo conyugal sólido.
  • Desarrollar  un sistema de reglas claro que facilite el buen funcionamiento de la familia.

Antes de que inicien la convivencia, se puede trabajar con los miembros de la futura familia reconstituida, a nivel de concienciación e información sobre las características y circunstancias que rodean este tipo de familias, ayudándoles a clarificar y normalizar su situación. También se les puede ayudar a concretar expectativas realistas y ofrecerles recursos y alternativas para enfrentar situaciones futuras.

Otro de los objetivos terapéuticos principales es educar a los adultos acerca de los aspectos de desarrollo y secuencias por las que lo hijos están pasando, de manera que no se etiqueten como problemas derivados de ser una familia reconstituida, sino situaciones naturales que se enfrentan por pasar de una etapa a otra en la vida de los individuos.

El espacio terapéutico debe ser un lugar donde los sentimientos de todos los miembros de la familia estén legitimados, un lugar donde se ofrezca a la familia una visión más amplia de su situación, y se les facilite recursos y alternativas para enfrentar las dificultades. El trabajo en terapia debe estar fundamentado en la libertad de sentir, pensar y decir, a través de una comunicación terapéutica y familiar asertiva…


 

Casarse de nuevo representa un triunfo de la esperanza sobre la experiencia.

Samuel Johnson

jueves, 5 de diciembre de 2013

TERAPIA SISTÉMICA CON FAMILIAS MONOPARENTALES

Uno de los aspectos fundamentales que se ha de tener en cuenta en terapia cuando se interviene con una familia compuesta por un solo progenitor (y al menos uno de sus hijos), es la causa precipitadora de la monoparentalidad. Es importante, a la hora de establecer unos objetivos terapéuticos concretos, saber si la causa de que sólo haya un progenitor es por elección del mismo (maternidad o paternidad solitaria), por viudedad, o por separación y/o divorcio; la existencia o preexistencia de otro progenitor nos revela que la familia monoparental tuvo la pérdida como punto de partida, en estos casos es primordial valorar que tipo de duelo han elaborado los diferentes miembros del sistema familiar.

El género del progenitor es otro factor determinante, es una variable que hay que tener muy en cuenta en la intervención terapéutica, ya que si cabe, es un tipo de familia monoparental especialmente vulnerable.  Existen multitud de teorías acerca del instinto maternal, así como del vínculo materno-filial que se empieza a establecer desde el momento mismo de la gestación(conexión umbilical), pero del instinto paterno o del vínculo padre-hijo, tenemos menos información, ya sea por una cuestión biológica (en los animales observamos diferencias entre el macho y la hembra en relación a sus crías)  o meramente cultural (históricamente el rol de la mujer en la familia ha sido desempeñar las funciones parentales principales).

Entre las principales dificultades que puede encontrarse un padre soltero, destacan:
  • La nueva forma de entender su masculinidad y sus roles; la sensibilidad y la apertura emocional que se requieren en la crianza (considerados atributos propiamente femeninos), son un buen ejemplo de esto.
  • La presión social, sobre todo por parte de aquellos que no entienden que pueda existir una familia sin la presencia de una mujer.
  • La legislación actual, que no está diseñada y adecuada para que un hombre desempeñe las funciones de padre soltero, un ejemplo son las condiciones adversas que a nivel de derechos laborales tienen que enfrentar.



                             
Otro elemento representativo es el tiempo que llevan constituidos como familia monoparental, así como la etapa del ciclo vital en que se encuentran teniendo en cuenta la edad de los hijos: familia monoparental con hijos en edad pre-escolar, escolar, con hijos adolescentes (etapa especialmente vulnerable) o familia monoparental durante la etapa del nido vacío.

En el espacio terapéutico, hemos de rescatar y apoyar nuestra intervención en las fortalezas que, de manera casi inherente, presentan este tipo de familias:
  • Ausencia de dificultades relacionadas con la conyugalidad (a excepción de los casos de separación o divorcio donde el ex cónyuge representa una figura tóxica para la familia).
  • Desde el punto de vista de las funciones paternales no existen roles de género, puesto que es el progenitor único el que combina las funciones afectivas con las normativas.
  • Flexibilidad de las fronteras generacionales.
  • Estructura jerárquica más simple, que facilita una mejor organización de las labores domésticas
  • Expectativas más altas respecto a la calidad de vida familiar.
  • Mayor conciencia de familia como unidad.


lunes, 2 de diciembre de 2013

EL HUMOR EN LA TERAPIA FAMILIAR

En la antigua Grecia se pensaba que el cuerpo humano contenía cuatro líquidos denominados "humores". Éstos, estaban relacionados con los cuatro elementos básicos, eran sangre (aire), bilis amarilla (fuego), bilis negra (tierra) y flema (agua). Su equilibrio se consideraba fundamental para una buena salud, por lo que cuando alguien estaba equilibrado, se decía que estaba de "buen humor".

Desde una perspectiva sistémica, el humor está estrechamente ligado al concepto de resiliencia, es un recurso fundamental para que una persona o sistema consiga desarrollarse positivamente a pesar de unas condiciones desfavorables.

Madanes (1987), plantea que las intervenciones humorísticas en la terapia familiar tienen el propósito de incluir elementos sorpresivos facilitando a los miembros correr el foco de las críticas no constructivas y encontrar otras alternativas para mirar el conflicto familiar.

Un ejemplo de la aplicación del humor en la terapia familiar es la técnica de la “prescripción paradójica”, prescribir a una persona o familia que se provoque el síntoma antes de que éste se manifieste, con frecuencia puede generar que éste/a se ría de sí mismo y de su reacción ante la situación, con lo que su reacción habitual se bloquea al romperse el mecanismo mental y emocional que lo generaba.

Además de lo señalado, el humor es una herramienta fundamental para el trabajo terapéutico por los siguientes motivos:

  • Ayuda a afianzar el sistema terapéutico, la relación familia-terapeuta deja de tener un carácter formal y meramente profesional, y a cambio tiene un enfoque más comprometido. Se puede afirmar que el humor “humaniza” la relación entre el terapeuta y la familia.
  • Revela información acerca del sistema familiar y de sus miembros, además es un indicador eficaz de mejora terapéutica.
  • Disipa la monotonía y la excesiva seriedad en determinados momentos del proceso terapéutico. 
  • Ayuda a esclarecer las interacciones disfuncionales de la familia de forma afable y sugestiva. 
  • Refuerza los vínculos familiares.
  • Proporciona sentimientos de alegría potenciando el valor de las emociones positivas, y ayuda a desbloquear tensiones y reduce la ansiedad.
  • Ayuda a las miembros de la familia a pensar paradójicamente y a actuar de forma contraria a como lo suelen hacer (aquellas formas que les provocan la angustia).

El humor ha de ser apropiado a cada persona o familia y a cada situación, ha de ser espontáneo, genuino y no forzado. No se trata de “hacerse el gracioso”. La reacción del paciente será un buen termómetro del éxito del terapeuta, desde una abierta hostilidad o incomprensión, hasta un sentimiento de alivio.